El sector HealthTech en México: infraestructura pendiente, oportunidad real
México enfrenta una paradoja estructural en materia de salud. A pesar de ser una de las quince economías más grandes del mundo, el país destina alrededor del 2.6% del PIB al gasto público en salud, muy por debajo del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud para garantizar una cobertura sanitaria adecuada. Esta brecha define un espacio claro de oportunidad: el sector Healthtech, que integra tecnología con la provisión de servicios de salud, se ha comenzado a consolidar como uno de los segmentos más atractivos para el capital especializado en América Latina.
El tamaño del mercado refleja este dinamismo. El mercado de salud digital en México generó alrededor de 1.9 mil millones de dólares en 2023, impulsado principalmente por la expansión de la telemedicina y las plataformas digitales de atención médica. A nivel regional, se estima que en 2026 el mercado de salud digital va a superar los 9 mil millones de dólares, con tasas de crecimiento sostenidas hacia el final de la década. Dentro de este panorama, México figura junto con Brasil entre los mercados con mayor potencial relativo.
Las condiciones estructurales refuerzan esta tendencia. México cuenta con más de 130 millones de habitantes, una penetración de smartphones superior al 96% entre usuarios de telefonía móvil, según datos del INEGI, y una disponibilidad aproximada de 2.5 médicos por cada mil habitantes, por debajo del promedio de 3.5 médicos por mil habitantes observado en países de la OCDE. Esta brecha en capacidad médica genera una demanda sostenida de soluciones que amplíen el acceso a servicios de salud, particularmente en regiones con menor cobertura médica.
Es razonable que la tecnología haya comenzado a desempeñar un papel que va más allá de la eficiencia operativa. Para amplios sectores de la población, las plataformas representan una vía alternativa de acceso a servicios médicos, especialmente en consultas remotas, monitoreo de pacientes y atención en salud mental. El crecimiento de estas soluciones refleja, entonces, tanto la presión estructural sobre el sistema sanitario como la creciente familiaridad de los usuarios con servicios digitales.
El ecosistema empresarial ha comenzado a responder a esta demanda. Al principio del 2026, el país ya contaba con 642 startups Healthtech activas, que desarrollan soluciones en áreas como teleconsulta, expedientes clínicos electrónicos, prescripción digital, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y herramientas de gestión hospitalaria. Dentro de este conjunto, la telemedicina concentra una proporción relevante de las soluciones disponibles. Esto confirma, entonces, el papel central que tiene la ampliación del acceso a consultas médicas en el desarrollo del sector.
No obstante, el crecimiento del ecosistema no implica todavía una madurez operativa generalizada. Una proporción importante de estas empresas se encuentra aún en etapas tempranas de desarrollo, lo que introduce riesgos de ejecución y sostenibilidad. A ello se suman desafíos regulatorios persistentes. Diversos análisis regionales señalan que la regulación de telemedicina en México representa rezagos frente a otros países latinoamericanos en materia de interoperabilidad de datos clínicos y estándares para el intercambio de información entre instituciones públicas y privadas.
El entorno de política pública introduce una variable adicional. El presupuesto federal para 2026 contempla un incremento real cercano al 5.9% respecto al año anterior, aunque el nivel total de inversión pública seguirá representando alrededor del 2.6% del PIB. Si bien este aumento no resuelve el rezago estructural del sistema sanitario, sí abre espacios para proyectos de colaboración público-privada en áreas como prevención de enfermedades crónicas, monitoreo remoto de pacientes y digitalización hospitalaria.
La oportunidad del sector va más allá del crecimiento digital en salud: está en la modernización de un sistema que opera con un déficit estructural de infraestructura y servicios, pero que al mismo tiempo enfrenta una demanda amplia y relativamente inelástica. En Addem Capital entendemos que el diferencial competitivo radica más en identificar modelos con tracción operativa, capacidad de integración institucional y arquitecturas tecnológicas escalables que en acompañar indiscriminadamente la proliferación de startups en etapas tempranas.
Cuando la regulación actúa como filtro y la ejecución operativa se vuelve determinante, el capital estructurado y técnicamente informado tiene la capacidad de transformar una oportunidad sectorial en valor sostenible.