Mend x Addem Capital: Financiar la salud en un sistema fragmentado

Un contexto de tensiones

La salud en México enfrenta una paradoja persistente. El país tiene médicos, hospitales y capacidad clínica suficientes para atender buena parte de la demanda insatisfecha. Hay oferta, pero falta el puente que permite utilizarla. Para millones de personas, el acceso efectivo sigue condicionado por un solo factor: la capacidad de pagar en el momento exacto en que se necesita el tratamiento.

La atención privada permanece fuera del alcance de una gran proporción de los hogares mexicanos. El sistema público, en paralelo, enfrenta limitaciones de cobertura, capacidad y oportunidad que han sido ampliamente documentadas. Entre ambos extremos emerge una población que necesita atención médica, cuenta con opciones clínicas disponibles y, aun así, no logra acceder a ellas.

Los datos dimensionan el problema. Entre 2018 y 2024, el gasto de bolsillo en salud por hogar subió de $1,135 a $1,605 pesos trimestrales —un alza real de 41.4%--, lo que equivale a pasar de tres a cinco día de salario mínimo una vez incorporados los incrementos de 2025 y 2026. En ese mismo periodo, 1.11 millones de hogares incurrieron en gastos catastróficos de salud –desembolsos que representaron más del 30% de su capacidad de pago–, un aumento de 64.5% frente a 2018. 

El contraste con los estándares internacionales es elocuente. La OMS recomienda que el gasto de bolsillo no supere el 20% del gasto total en salud; en México ronda el 41%, más del doble del umbral. Del lado público, el gasto equivale a apenas el 25% del PIB, frente al 6% que sugiere la OMS. El sistema público no tiene cómo absorber la demanda, y eso empuja a las personas hacia el sector privado.

La población sin cobertura efectiva, además, creció en lugar de reducirse: en 2024, más de 44 millones de personas carecían de acceso efectivo a servicios de salud, más del doble que en 2018. Y aunque el 63% reporta afiliación a una institución pública, seis de cada diez se atienden en farmacias o consultorios privados. La demanda real ya migró. Mientras tanto, apenas un 7.4% de los mexicanos cuenta con un seguro de gastos médicos mayores: la disposición [o la posibilidad] de prepagar el riesgo es mínima.

Las consecuencias son medibles. Según la ENSANUT 2022, una de cada cuatro personas reportó una necesidad aguda de salud en los tres meses previos, y de ellas apenas el 44% recibió atención en servicios públicos. Los tiempos de espera explican parte del rezago: un estudio publicado en Salud Pública de México midió un promedio de 14 semanas para cirugía electiva en hospitales públicos [12 en el IMSS, 13 en el ISSSTE, 15 en la Secretaría de Salud]. Y el tiempo no es neutral. Un metaanálisis publicado por The BMJ, que analizó a más de 1.2 millones de pacientes, encontró que cada cuatro semanas de retraso en iniciar ciertos tratamientos eleva el riesgo de mortalidad entre 6% y 8% en procedimientos quirúrgicos, y hasta un hazard ratio de 1.28 en tratamiento sistémico. En ese marco, 14 semanas de espera dejan de ser un trámite: son riesgo clínico acumulado.

El resultado, en la práctica, es una disyuntiva difícil. Frente a un diagnóstico, millones de personas eligen entre tres caminos imperfectos: asumir un gasto que puede comprometer la estabilidad financiera de su hogar, entrar a una lista de espera o posponer el tratamiento.

Bajo este panorama, decidimos invertir en Mend.

Un mercado que justificaba la cautela

El financiamiento médico concentra varios de los elementos que tradicionalmente alejan al capital. Los procedimientos suelen involucrar montos relevantes, los pacientes frecuentemente presentan perfiles financieros heterogéneos y la evaluación de riesgo ocurre en contextos donde el tiempo es un factor crítico. A esto se suma la complejidad operativa del sector salud [una oferta fragmentada de médicos, clínicas y hospitales] y marcos regulatorios que cruzan lo financiero con lo sanitario.

La experiencia de distintos modelos de crédito al consumo en América Latina reforzó esa prudencia, sobre todo en segmentos que exigen originación especializados y mecanismos de cobranza particularmente eficientes. 

La pregunta financiera era legítima: ¿puede el financiamiento médico escalar manteniendo una calidad de cartera de calidad consistente y una gestión de riesgo sólida? La necesidad de mercado era evidente; la sostenibilidad financiera de una solución para atenderla requería una validación mucho más profunda.

Una brecha que permanecía irresuelta

A medida que profundizamos en el análisis, apareció una observación recurrente: buena parte de los pacientes que buscaban financiamiento ya había superado las barreras del diagnóstico y la disponibilidad de atención. Habían consultado a un especialista, recibido una recomendación clínica y definido un tratamiento. El cuello de botella estaba en un solo punto: cubrir el costo del procedimiento.

El patrón era especialmente visible en cirugía plástica reconstructiva y estética, fertilidad, odontología especializada, oftalmología y tratamientos oncológicos, donde los montos exceden la capacidad inmediata de pago.

Es decir, la brecha financiera existente no reflejaba ausencia de capacidad económica de largo plazo, sino dificultad para absorber un gasto significativo de una sola vez. El problema era de liquidez puntual, no de solvencia. Y esto reformulaba la pregunta: ¿era posible construir una infraestructura financiera diseñada específicamente para cerrar esa brecha?

El momento, además, jugaba a favor. El pago diferido digital [BNPL] creció una tasa anual de 54.5% entre 2021 y 2024, alcanzó $4,560 MDD en 2024 y se proyecta cerca de $18,500 MDD hacia 2030. En el Hot Sale 2025, 31% de los mexicanos usó «compra ahora, paga después»; en 2026, la cifra llegó al 67%. En paralelo, la sustitución de efectivo por tarjetas y transferencias, documentada en la ENIF 2024, reduce la fricción para domiciliar pagos mensuales. El comportamiento financiero del consumidor ya se estaba moviendo hacia el modelo que Mend necesitaba.

Una plataforma que aborda el problema

Mend surgió precisamente como respuesta a la pregunta anterior. La compañía desarrolló una plataforma que conecta pacientes, médicos, clínicas y financiamiento en un mismo flujo operativo: los recursos se desembolsan directamente al proveedor médico y el paciente accede al procedimiento mediante un esquema de pagos distribuidos en el tiempo.

Lo primero que llamó nuestra atención fue que la propuesta no se limitaba a ofrecer crédito. Mend levantó una infraestructura especializada alrededor de las particularidades del sector salud. La red médica opera como un canal de originación altamente eficiente: la evaluación incorpora información contextual del procedimiento y del entorno clínico donde se genera la solicitud. Así, los especialistas se concentran en la atención médica sin asumir funciones de financiamiento ni cobranza. Y cobran con certeza, ya que Mend transfiere el monto del procedimiento tres días hábiles antes de la fecha programada.

Conforme avanzamos en el análisis aparecieron más señales de fortaleza: más del 15% de los cirujanos plásticos certificados de México ya formaba parte de la red. La compañía había desarrollado herramientas tecnológicas propias para la originación, el monitoreo y la cobranza, además de modelos de evaluación alimentados con datos generados directamente por su operación.

La combinación entre una red médica especializada, tecnología propietaria y datos transaccionales estaba creando una ventaja difícil de replicar: un competidor puede copiar el producto financiero, pero no la base instalada de médicos ni el histórico de cartera.

Validar la hipótesis

Nuestro análisis se concentró en una pregunta: ¿podían sostenerse estos elementos a medida que la compañía creciera? Revisamos la calidad histórica de la cartera, los procesos de originación, los mecanismos de cobranza, la adopción de médicos y pacientes, la infraestructura tecnológica y la estructura legal de las operaciones. Los resultados fueron contundentes y consistentes.

La cartera mostraba niveles de desempeño muy por encima de lo que sugerían las percepciones tradicionales asociadas al segmento: una cartera vencida inferior al 2%, una cifra notable considerando que atiende a una población con acceso limitado a soluciones financieras especializadas. La lectura de riesgo confirmó el dato: análisis de cosechas [vintage] por mes de originación, roll rates entre cubetas de mora y revisión de la concentración por procedimiento, médico y geografía. Conviene matizar un punto: Mend fue fundada en 2021, de modo que la profundidad de datos aún no atraviesa un ciclo recesivo de consumo y las curvas reflejan un entorno macro benigno.

La adopción médica, por su parte, seguía creciendo. Los especialistas incorporaban la plataforma como una herramienta para ampliar el acceso a tratamientos y reducir fricciones administrativas, y la automatización permitía aumentar el volumen sin expandir proporcionalmente la estructura operativa.

La evidencia apuntaba a lo mismo: Mend había desarrollado mecanismos efectivos para los riesgos que históricamente frenaron el crecimiento del financiamiento médico. En los hechos, reclasificó un «préstamo de consumo riesgoso» como una cartera de activos con flujos predecibles, y financiable vía deuda estructurada.

Construir una estructura financiable

Más allá del desempeño operativo, en Addem Capital analizamos la arquitectura financiera y legal del modelo. Encontramos estructuras fiduciarias y mecanismos de separación patrimonial que aíslan el riesgo de la cartera del riesgo del originador [bankruptcy remoteness], dan mayor visibilidad sobre el comportamiento de los activos subyacentes y contemplan la cobranza mediante administrador sustituto.

Esta combinación [calidad de cartera, infraestructura operativa y estructura financiera] creó las condiciones para canalizar capital hacia un segmento que históricamente había enfrentado limitaciones de fondeo. La relación se construyó por etapas:

  • Septiembre de 2024: primera línea de crédito por 1 MDD.

  • Octubre de 2025: vehículo off-balance por 50 MDP, con expansión hacia tratamientos oncológicos y terapias de alta especialidad

  • Febrero de 2026: nueva línea de crédito por 100 MDP para ampliar el acceso a procedimientos médicos selectos, incluidos los de alta especialidad.

Cada transacción respondió a la misma convicción: una necesidad estructural acompañada por una plataforma capaz de atenderla de forma disciplinada y escalable.

Lo que esta experiencia nos enseñó

El caso de Mend ofrece una perspectiva interesante sobre la evolución del financiamiento especializado en América Latina. Durante años, grandes segmentos de la población quedaron fuera de los mecanismos tradicionales de financiamiento para la salud, y el resultado fue una brecha persistente entre la atención médica disponible y la atención efectivamente recibida.

Mend demuestra que esa brecha puede abordarse mediante modelos construidos específicamente para las dinámicas del sector. Y demuestra algo más: las categorías consideradas complejas o difíciles de financiar pueden volverse accesibles para el capital institucional cuando existen datos suficientes, mecanismos adecuados de gestión de riesgo y estructuras diseñadas para soportar el crecimiento. Mucho de lo que el mercado etiqueta como «riesgo» es, en realidad, falta de acceso bien estructurado.

Conclusión

Cuando comenzamos a analizar Mend encontramos un mercado marcado por restricciones evidentes: presión creciente sobre los hogares, penetración de seguros muy limitada y millones de personas sin acceso oportuno a atención médica.

También encontramos una compañía que había construido una respuesta concreta a ese problema. La evolución de Mend durante los últimos años refuerza una convicción que guía la estrategia de inversión de Addem Capital: las oportunidades más interesantes suelen surgir donde una necesidad estructural permanece irresuelta durante largos periodos. Comprender las causas de ese desequilibrio, identificar modelos capaces de operar dentro de él y construir los mecanismos para financiarlos sigue siendo una de las formas más efectivas de generar impacto y crear valor a largo plazo.

Siguiente
Siguiente

México y su nueva calificación crediticia